Castro-Laxe están unidos
por algo más que un guión. Los vecinos de estas dos comunidades del
ayuntamiento de Culleredo, localizadas entre Vilaboa y A Zapateira,
llevan 60 años celebrando juntos las fiestas y parece que nacieron para
esto, pues les salen de cine. Son 270 familias pero organizan una
parranda para miles, en la que el humor se mete como la humedad por las
ventanas de las lujosas y amplias casas. Se palpa que es una zona de
dinero. Y también que nadie se lo quiere llevar todo al camposanto,
pues su generosidad no conoce límites. Su tradicional sardiñada reúne a
más de tres mil personas todos los años que se van a sus casas sin
meter la mano en el bolsillo, todo a cuenta de los vecinos de
Castro-Laxe, que presumen de ofrecer la fiesta gastronómica gratuita
más concurrida de Galicia. Mañana, a partir de las cinco de la tarde,
para el que guste, tendrá ante sus ojos una tonelada de sardinas
pasadas por la parrilla y acompañadas por otro tanto de pan de brona.
Pero
eso será mañana. Ayer se celebró la segunda edición de la carrera de
carretillas tuneadas. Estamos en el Montecarlo de las carretillas. Ya
se habrán dado cuenta de que es una de esas fiestas que consiste en
poner un petardo en la imaginación, disfrazar uno de esos utensilios de
obra y tirarse a tumba abierta por un campo; una costumbre tan curiosa
como, por lo visto, atractiva. Porque ayer por la tarde, en la segunda
carrera organizada en este lugar, compitieron nada menos que seis
equipos. Un juego de niños para bólidos hechos «con pezas collidas aquí
e alá».
A
la hora de levantarse de la siesta, salen las carretilla,
según se deduce del griterío que baja en cascada por la cuesta para ver
a niños en pijama, camisón, pañales o cualquier prenda que tape las
vergüenzas empujando una carretilla decorada a la buena de Dios.
Y
hay que andar bien de riñones porque aunque no arrastren ladrillos,
arrastran sonrisas, que a la hora de correr pesan más que el cemento.
Siendo la carretilla una herramienta de trabajo, algunas parecían de
todo menos eso, pues a la competición se presentaron modelos muy
sencillitos (un paraguas a modo de capota y tira...). Pero también hubo
otros muy currados. Hasta hubo quien se presentó en el lugar con
auténticas cunas rodantes, con su cabecero, su colchita y su peluche.
Además, en Castro-Laxe no se da ni un euro en premios. Castro-Laxe sólo
reparte prestigio.
Ya lo dice Alberto Veira,
presidente de la comisión de fiestas, que de lo que se trata es «de que
lo pasen bien los que participan y los que vienen a mirar».
Hoy
comenzará el día con dianas y alboradas, que levantarán a los vecinos
temprano para acudir a la misa en honor a la virgen del Rosario, a la
una de la tarde. Por la tarde, los niños disfrutarán con una fiesta de
la espuma e hinchables a partir de las cuatro y media. Una hora después
le tocará el turno a la vuelta ciclista a O Castro-Laxe, que rematará
con una merienda para todos. Y mañana, la gran cita, «la gran sardiñada
de Galicia», según dicen.